El primer y tercer domingo de cada mes, nos reunimos como familia de Dios a partir el pan y el vino, y a compartir la vida en oración y fiesta.

 

Nuestra celebración procura resaltar el sacerdocio de todos los bautizados y bautizadas, la dimensión horizontal y participativa de toda la asamblea y la superación de las barreras impuestas por una visión clericalista de nuestra fe.

 

En nuestras celebraciones, todas las personas que participan en la liturgia tienen el derecho a recibir el pan y el vino de Jesús, no siendo motivo de exclusión ni el estado civil, ni la orientación sexual, ni la idea de que para comulgar hay que confesarse antes. Solo pedimos una participación activa y un deseo de unirse a la Comunidad en la comunión de la eucaristía.

 Una probadita de nuestras oraciones